El proyecto del Tren Maya continúa generando debate en Quintana Roo, luego de que reportes recientes señalaran que, a dos años de su inauguración, no ha logrado el impacto económico esperado en diversas comunidades del sureste. A pesar de haber sido concebido como un motor de desarrollo regional, en varias zonas persisten condiciones de pobreza, falta de servicios básicos y limitada generación de empleo formal.
De acuerdo con análisis recientes, aunque la construcción del tren impulsó temporalmente la economía durante su fase inicial, en 2024 se registró una desaceleración en la actividad económica local. La baja afluencia de pasajeros y la operación de estaciones con poca demanda han sido factores clave que han impedido alcanzar los niveles de rentabilidad previstos.
Comunidades cercanas al proyecto han señalado que los beneficios prometidos no se han materializado plenamente, lo que ha generado inconformidad entre habitantes, especialmente en zonas rurales. Además, organizaciones sociales han cuestionado el impacto ambiental y la afectación a territorios indígenas.
Por su parte, el gobierno federal sostiene que el Tren Maya es una inversión a largo plazo y que sus beneficios se consolidarán con el tiempo. Sin embargo, especialistas coinciden en que será necesario replantear estrategias para fortalecer su operación y garantizar que realmente contribuya al desarrollo sostenible de Quintana Roo.