Durante las primeras horas de la emergencia surgieron versiones que relacionaban el desastre con un posible terremoto. Sin embargo, el análisis realizado posteriormente por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) determinó que la señal registrada por los instrumentos sísmicos correspondía al colapso de hielo y roca ocurrido en la zona del glaciar.
El movimiento alcanzó una magnitud equivalente cercana a 5.2, pero su origen fue distinto al de un sismo tectónico. El desprendimiento de la masa glaciar produjo una avalancha que descendió por la montaña y generó posteriormente el enorme flujo de escombros que golpeó los valles.
La velocidad y cantidad de material desplazado explican en parte la magnitud de la emergencia. La mezcla de hielo, rocas y sedimentos se incorporó al cauce de los ríos y terminó provocando una inundación repentina capaz de destruir infraestructura y comunidades enteras.
La aclaración de los especialistas resulta importante para entender el origen de la tragedia y para estudiar los riesgos futuros en una región donde los glaciares y las condiciones de alta montaña pueden generar fenómenos extremos.